La casa de al lado
Con el sol en su
último punto del día, estábamos reunidos en la casa de mis abuelos. La polvorienta y rudimentaria sala
tenía muchas plantas, que cubrían todo el perímetro. Un primo mío tenía alergia al polvo. ¡Achís!
Sonaba cada cierto tiempo en la
espaciosa sala. Mi primo impertinente preguntó:
—¿Por qué las macetas
están amarradas a las paredes?
Y todos guardaron silencio, un silencio de complicidad, un silencio escalofriante.
Voy a contarles una historia muy peculiar —dijo mi abuelo.
—¿Estás seguro? —preguntó un tío con cierta cautela.
—Lo van a disfrutar Gonzalo —y con esas palabras hizo entender que contaría la misteriosa historia. Mi tío se quedó mirando al vacío, quizá, recordando un pasado que prefería no recordar.
Hace mucho tiempo, cuando sus paredes estaban en excelente estado, compramos esta casa. Tu abuela y yo queríamos un lugar espacioso y esta casa esquinera cumplió con nuestras expectativas. Podríamos comenzar de cero, pues veníamos de Cañar en ese entonces. Cuando nos mudamos, todo tenía un ambiente hogareño, un aire cautivador para compartir el resto de nuestras experiencias. Pasó algún tiempo hasta acostumbrarnos por completo, pero sabíamos que todo estaría bien.
Una noche, como cualquier otra, cuando todos dormíamos, escuchamos que arrastraban muebles y plantas. Pensamos que eran los vecinos, pues el sonido no podía provenir de nuestra casa. Al cabo de varios minutos, el macabro ruido cesó y todos volvimos a dormir. Al siguiente día, volvimos a escuchar que arrastraban muebles, los sonidos eran muy fuertes y parecía que venían de la sala, pero preferíamos pensar que eran los vecinos, como lo habíamos comentado por la mañana. Con el paso de los días, los ruidos se empezaron a hacer más continuos. Parecía que arrastraban a una persona, mientras esta iba incrustando sus uñas en la madera del suelo para evitar ser arrastrada.
Un día, ya cansados, decidimos ir a hablar con los vecinos, pero tuvimos visitas de familia y no alcanzamos a hacerlo. Al momento de dormir, escuchamos pasos, tan cerca que el sonido atravesaba las paredes y se iba directo a nuestros oídos. Estábamos muy perturbados; entonces, decidimos ir a hablar con los vecinos, aunque eran las 3:00 a.m. Tocamos la puerta con mucha cautela, pues no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Salió un señor, que no tenía aspecto de haber estado dormido, más bien, se veía fastidiado, pero aun así intentó ser cortés.
—¿En qué le puedo ayudar
vecino? —preguntó.
—¿Disculpe la molestia,
pero me preguntaba si es que podría dejar de hacer tanto ruido en las noches?
—le dije directamente, porque tenía mucho sueño y
cansancio.
—Vecino, eso mismo
le quería pedir
yo, lo que pasa es que mi esposa está embarazada y necesita dormir.
Nuestras caras de impacto eran tenebrosas; estábamos muy asombrados
y nuestros cuerpos rígidos. Entonces, un estruendo
proveniente de nuestra
casa resonó. El vecino, igual de asustado que nosotros, brincó y fuimos corriendo
a ver qué ocurría. Lo
Preguntas de Comprensión Lectora: "La casa de al lado"
1. ¿Qué pregunta hizo el primo impertinente que causó el silencio escalofriante en la familia?
2. ¿Por qué crees que el tío Gonzalo se quedó "mirando al vacío" cuando el abuelo decidió contar la historia? ¿Qué sugiere esto sobre su relación con los eventos narrados?
3. Ordena cronológicamente los siguientes eventos de la historia: a) Los abuelos fueron a hablar con el vecino a las 3:00 a.m. b) Encontraron todas las macetas destrozadas y los muebles desordenados c) Los abuelos se mudaron desde Cañar a la casa esquinera d) Decidieron amarrar las macetas a las paredes e) Comenzaron a escuchar ruidos de muebles siendo arrastrados
4. ¿Cómo contribuye el ambiente físico descrito al inicio (sala polvorienta, plantas cubriendo el perímetro, macetas amarradas) a crear la atmósfera de misterio en la historia?
5. ¿Cuál es la verdadera razón por la que las macetas permanecen amarradas hasta el día de hoy? ¿Qué revela esto sobre el impacto que tuvo la experiencia paranormal en la familia?
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